|
27 de Enero del 2012, 07:53 horas
La opinión pública y las decisiones públicasFernando Hinterholzer Diestel
De manera cotidiana leemos y escuchamos en los medios escritos y electrónicos de comunicación diversos comentarios, críticas, aportaciones sobre los temas más relevantes que ocurren en nuestro país (la crisis económica, la violencia e inseguridad, la corrupción, los políticos y las políticas públicas). Sin embargo, no se observa que esta Opinión Publicada influya en modo alguno en las decisiones de los políticos. Los analistas políticos, económicos y expertos en seguridad que cotidianamente nos ofrecen sus precisos y profundos análisis de la situación nacional, lamentablemente estas no influyen significativamente en la toma de decisiones del gobierno. Sus opiniones pueden lograr llamar la atención de los políticos y hacerles ver aspectos olvidados de la realidad social, alertarlos sobre las consecuencias de sus decisiones, presionarlos para que revisen sus políticas, leyes, gasto y servicios, y nada más. Las opiniones publicadas son sólo referencias opcionales para las decisiones de los políticos, que las pueden considerar, descartar o amoldar. Su máxima influencia ocurre no en el terreno de las políticas, sino cuando las opiniones ponen al descubierto conductas de corrupción o ilegalidad de algunos servidores públicos y provocan un escándalo que golpea su reputación social y aspiraciones. Por lo que deducimos, que el contenido de los artículos de opinión publicada, su información y sus argumentos, no es lo que más importa o preocupa a los políticos e influye en sus decisiones en el poder. Lo que más les inquieta es que los juicios de los periodistas sobre los asuntos públicos y sobre su actuación, si son adversas, se hagan públicas, se popularicen e influyan en la percepción y el juicio de un buen número de ciudadanos, generando una apreciación negativa sobre la actuación de ellos. Hoy en día, al empezar este complicado año del 2012 la percepción social de la situación del país es positiva. Aunque se tienen de avances, no se ha llegado aún al catastrofismo pero si hay un difuso pesimismo, combinado con un criticismo desbordado, que cuanto más se extiende más erosiona la confianza en las capacidades nacionales para resolver nuestros problemas. La capacidad directiva de los gobernantes democráticos es el problema, porque el gobernar con eficacia implica elementos científico-técnicos (financieros, tecnológicos, organizativos, administrativos, profesionales) y no solo institucionales o legales. La democracia ha resuelto el problema de la legitimidad política de los gobernantes, pero no tiene los recursos para resolver el de su capacidad directiva de gobierno. ES CUANTO fhinter@hotmail.com |
PerfilFernando Hinterholzer Diestel
columnas anteriores17 de Febrero
Abstencionismo el enemigo a vencer
10 de Febrero
El crecimiento económico del país
20 de Enero
Seguridad y justicia
publicidad
|